martes, septiembre 02, 2008

La Beatitud es un lugar


''Cuando yo llegue
a mi Oriente querido
Cuando yo asome
al balcon de la capital
Cuando yo sienta sonar"
BALCON DE SANTIAGO - SON CUBANO


Debe ser difícil despertarse todos los días y no tener un suelo en donde apoyarse. Esto sucede en este lugar: el mundo más necesario, pero fugaz, que existe.

Aquí, flotar y volar son sinónimos y prioridad para subsistir. La Tierra es tan preciada que se la visita cada tanto, pero nunca es cosa de alojarse allí, que tantas tentaciones tiene. Éste vendría a ser, en cambio, un hogar de sensaciones, frágil, débil, pero inmenso. En este mágico pueblo no se realizan campeonatos de baile porque ganarían todos, y ni se escriben canciones de amor, ya que eso está en el aire constantemente, claro, como los habitantes.

Su ejército está formado por orquestas numerosas, espectaculares, caudalosas. El volumen es el arma esencial para defender su continente.

Aunque siempre todo parezca maravilloso, existe un factor climático psicológico que entristece a los nativos. Están obligados a aislarse, a convivir solo con pájaros y desechos residuales, pero no pueden juntarse con otros humanos. ¿Por qué? Fácil… queman, arden, incendian, todo lo que tocan, y a veces, hasta lo que miran.

Dice un mito que los primeros pobladores de aquí eran terrestres que no soportaban el frío en ninguno de sus aspectos y migraron hacia arriba, de esta manera se fue creando una costumbre al calor permanente.

Una forma de identificarlos en uno de los tantos escapes que realizan es por su incandescencia. Son resplandecientes como los fantasmas. Se camuflan muy bien, pero el brillo que despiden los devela.

Ah, una cosa más: sonreír es determinante para poder visualizarlos, se delatan ante una buena sonrisa.

Sí, ya sé, parece muy empalagoso este lugar, tanto que da miedo, pero eso sucede por la falta de habito a estar tan veraneado, hermanado con el placer.

Uy, llegó el Ocaso, me tengo que ir, hora del sueño.